12/1/16

Bronson (Nicolas Winding Refn 2008)

Picasso boxeador underground

Por Jorge Le Brun



La temática de la prisión es uno de los favoritos en el cine. Hay temas viejos que parecen nuevos como en Geschlecht in Fesseln - Die Sexualnot der Gefangenen (William Dieterle 1928) que habla de las necesidades eróticas que tienen los convictos y como están emanan aunque acaben con las construcciones heterosexuales de ellos mismos. Las hay que convierten a la prisión en las entrañas de un terrible monstruo del cual hay que escapar antes que este te consuma como en Le Trou (Jacques Becker), Papillon (Franklin J. Schaffner 1973), Escape from Alcatraz (Don Siegel 1979), No Escape (Martin Campbell 1994); están aquellas que nos proponen un cultivo social y un mundo de oportunidades o cuestiones que denunciar en las prisiones como In the Name of the Father  (Jim Sheridan 1993), Blood in, Blood Out (Taylor Hackford 1993), The Shawshank Redemption y The Green Mile (Frank Darabont 1994 y 1999) o la chusca Big Stan (Rob Schneider) por parar con los ejemplos. Incluso las series de televisión han quedado cautivadas con las posibilidades de esta temática, con ejemplos como la clásica Oz y la querida Prison Break, y con propuestas para prisiones femeninas (que se remonta sobre todo en el cine pornográfico) con propuestas como Capadocia y Orange Is the New Black. Monstruo, ecosistema o lugar de terribles crímenes y denuncias, no hemos terminado de ver qué más puede darnos este tópico, y dos de mis películas favoritas al respecto son del mismo año (y son de producción británica); las dos comparten que están más centradas en un aspecto interior e individual de sus protagonistas a la necesidad social: la primera de ellas es Hunger (Steve McQueen) de la que prometo hablar en el futuro; mi tiempo lo ocuparé en este escrito con Bronson (Nicolas Winding Refn).

El real personaje que parece de ficción
Michael Gordon Peterson nació en Luton, Inglaterra en el año de 1956; al día de hoy se cambió el nombre a Charles Salvador pero para el público es proclamado “el prisionero más violento de Gran Bretaña”. El buen Charlie es sin duda uno de los presos más celebres de su país, con más de 30 años sigue en prisión ¿A quién mató? Bueno, se dice que a un dóberman en una pelea clandestina pero a ninguna persona hasta el día de hoy. Todo empezó en cuando fue detenido en 1974 por un asalto a mano armada en una oficina postal por 26.18 £. Desde ese día han sido pocas las veces que ha sido puesto en libertad y ha estado en más de 120 prisiones haciendo su tour de la violencia con los prisioneros, guardias y trabajadores de la prisión que se le pongan enfrente; empezaba peleas, tomaba rehenes, y daba buenas golpizas a quien se le pusiera enfrente; llevó el término “preso problema” a un nivel nunca antes visto y paulatinamente fue aumentando el tiempo de su condena. En su currículo atacó a más de veinte guardias y docenas de prisioneros, tomó once rehenes, ocasionó cientos de miles de dólares en daños a las prisiones y hospitales, pasó décadas en aislamiento, e inició numerosas protestas solitarias y huelgas de hambre. En sus pocos momentos de libertad atacó a muchos más, asaltó una joyería, intento estrangular a un par de enfermos mentales y participó en boxeo clandestino en donde obtuvo el apodo Charles Bronson. Y esta es la misma persona que dio un giro a las artes durante su aislamiento; cuyas pinturas fueron expuestas en los túneles del metro de Londres; quien desarrolló un régimen de entrenamiento físico y publico libros al respecto; quien ganó once premios del Koestler Trust por su arte y poesía con otra dosis de libros al respecto.





















No es difícil de entender la fascinación del director con el personaje; al día de hoy (aunque menos que en su estreno) no son pocos los que nombran a este filme como un heredero de La naranja mecánica (Stanley Kubrick 1971) por la forma en que ambas dan un valor estético a la violencia y como esta hace un dueto con música clásica (aunque creo que el Giuseppe Verdi y el Richard Wagner de aquí son más ad hoc que el Beethoven de la Naranja). Aunque esta cinta se va a un tono con elementos surreales donde se ven reflejados los estados de su protagonista. En ocasiones apreciamos como “Bronson” está en un escenario contando el relato con un público, riendo o vistiendo como un payaso y montando un teatro de títeres, cuando en realidad está en un confinamiento solitario en una celda que no lo deja mover ni las cejas a gusto.



























No sé si Bronson tenga mucho que ver con A Clockwork Orange, pero hay un tema que profundiza; el de la violencia extrema de un individuo que simplemente no puede cambiar y la de un sistema que no puede comprenderlo. Las cárceles no fueron hechas para reintegrar a sus prisioneros por más que se hagan llamar “correccionales”; el gran pelón Michel Foucault estaría cómodo con el tema y también podríamos parafrasearlo con sus tópicos sobre la locura. El protagonista no solo va a prisiones, termina también en psiquiátricos y su conducta no logra ser explicada, ni su actitud agresiva es mermada con medicamentos; no hay lugar para él, ni dentro ni fuera de la cárcel, dónde provoca nuevos crímenes para hacerse más popular y acaba sumido en la incomunicación total. Es a través de la violencia en donde Bronson se siente cómodo y para él la prisión es el más cálido de los hogares.


Bronson es interpretado por Tom Hardy cuando era un “novato” en el mundo del séptimo arte; sin duda su papel más intenso al día de hoy, lo hizo como todo un psicópata emperador hooligan de acelerado metabolismo completamente irracional, con amor por la violencia, extremo masoquismo, nudista, propenso a un frenesí de caos, de gran visión y talento artístico con una encantadora risa maniaca y el mejor jab de las islas británicas. Empieza en el mismo lugar (el asalto de 1974) que el sujeto al que interpreta libremente, pero en formato de cine; desentraña en su propio teatro de lo absurdo a un hombre real pero más absurdo. La película toma un resumen de la vida de Bronson hasta que descubrió sus talentos artísticos y como ni estos lograban calmar la violencia que llevaba adentro; como fue de una prisión a otra a las cuales llamaba “hoteles” y como justifica todo en búsqueda de fama. El montaje es un entramado entre una línea de tiempo real o una alegórica en que está el teatro referido antes con Bronson vestido de forma elegante explicando su historia o las partes que le interesaban desde su punto de vista, el cual también se daba en ocasiones con él solo frente a la cámara y sin ninguna parafernalia construyendo lo que es en realidad una teatralización.



























La música es en su mayoría de tipo clásica para las escenas de violencia, pero en una de las escenas más memorables, cuando se encuentra en el psiquiátrico con los enfermos mentales y esta medicado para evitar que “sea el mismo”, le ponen a los pacientes “I’ts a sin” de los Pet Shop Boys; los "dementes" bailan a su particular forma mientras nuestro protagonista medicado grita desesperado por no poder estar en su preciada cárcel golpeándose con guardias u otros prisioneros. En el filme también se puede escuchar “Your silence face” de New Order y “The Eelectrician” de The Walker Brothers.


























Su pelea al final contra los guardias tomando de rehén a su instructor de pintura y convirtiéndolo junto a él en una de “sus obras de arte” es también impactante visualmente, todo con aspecto de pinturas monocromáticas y surrealistas. Por su aspecto atípico es una película difícil de valorar al día de hoy, pero con elementos suficientes para tomar nota con un gran despliegue de arte escénico con travellings horizontales y planos aéreos que delinean el hercúleo torso del más maniático Tom Hardy.


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